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Boletín Elkarri
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Revista Elkarri nº 119    [01/10/2005]

Editorial: Dificultades sí, oportunidades también
Entrevista: Manu Chao y Lluis Llach. La esperanza de la utopía
Testimonio: Gorka Espiau (Investigador del Instituto por la Paz de Estados Unidos (USIP) y miembro de Elkarri): «La comunidad internacional sabe que en los próximos meses nos jugamos la posibilidad de abrir un proceso de paz»
Opinión: Nacho Eguizabal, Félix Taberna, Txus Iribarren, Álvaro Marcos y Miguel Sarratea
Reportaje: Un proceso de paz en el horizonte
Nuestro tema: Pide un deseo
Desde la ventana: «Como Dios», de D. M. Indart
Internacional: Córcega, la tierra del Bandit



Entrevista: Manu Chao y Lluis Llach. La esperanza de la utopía
Los cantantes Lluis Llach (Vergés, Girona, 1947) y Manu Chao (París, 1961) no se conocían personalmente si bien desde hacía un puñado de años –según admitieron en el primer apretón de manos y posterior abrazo como de viejos amigos– se profesaban una admiración mutua y sincera. De hecho, la complicidad se hizo patente durante toda la entrevista con frases a medio terminar, con preguntas que suspendidas en el aire parecían quedar colgando. Así fue como hablamos del compromiso y la solidaridad, de este mundo de brújula perdida, de sueños inacabados, de esperanzas con mucho barro, de luchas utópicas que no imposibles. Todo ello en el garaje-estudio-oficina-taller-casa que Manu Chao tiene en Barcelona, a quien un día le llamaron el desaparecido, junto con el que intentara clavar no hace tanto tiempo una estaca cantada en el corazón de heno de la dictadura franquista. Y es que ambos siguen defendiendo la utopía de otro mundo, por muy lejos que espere la próxima estación de la esperanza, por escondido que esté el camino hasta Itaca en los mapas de ruta.


Elkarri: durante semanas hemos visto cadáveres pudriéndose en las calles anegadas de New Orleans, en lo que se supone es el país más rico del mundo, en esa primera potencia que dicen que es EE.UU. ¿Qué os sugiere todo lo que han provocado los huracanes Katrina y Rita?

Manu Chao: la naturaleza es más fuerte que cualquier persona. Parece una verdad de perogrullo, pero lo cierto es que estamos intentando dominar el planeta. Los huracanes como el Katrina dejan muy claro que aquéllos que se creen todopoderosos, a la postre, ante la fuerza de la Tierra, no son nada. El mundo está muy loco. Ha llegado un punto en el que el ser humano se cree dueño y señor de todo lo que le rodea. Mientras tanto, todos esos cadáveres flotando en las mismas puertas de las casas esconden tras de sí terribles desgracias.

Lluis Llach: mis palabras son viejas y políticamente incorrectas. Lo sé. No obstante, volveré a insistir en lo mismo: el capitalismo neoliberal es un fiasco en proporciones casi hecatómbicas. Lo que hace unos años comenzó con la triada espantosa de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II ha ido desmembrando los pequeños avances que la sociedad había hecho para protegerse y prevenirse a todos los niveles. Por eso, a pesar del desastre humano que lleva consigo un huracán como el Katrina, por mucho que nuestros sentimientos más de dentro se revuelvan al ver esas imágenes, no podemos perder el norte de nuestro análisis. ¿Cómo es posible que no se pueda evacuar un hospital con toda la cantidad de helicópteros que tienen en EE.UU. con los cuales sólo generan desgracias?

Manu Chao: no sé qué es lo que hubiera sucedido en Europa. En todo caso, aquí contamos con una cobertura social de la que en Estados Unidos carecen. No sé cómo van a seguir hacia delante todos esos cientos de personas que lo han perdido todo, que están heridas o enfermas. ¿Con qué van a pagar el hospital? ¿Cómo van a construir un nuevo hogar? Allí todo el sistema es privado mientras que aquí estamos algo más protegidos aunque bien es cierto que poco a poco nos están quitando algunos de los logros ya conseguidos.

Lluis Llach: hay que decirlo alto y claro. Sólo la gente que en New Orleans tenía coche se ha podido salvar de la tormenta. La gente sin auto se ha quedado hacinada en diferentes campos de refugiados sin saber a dónde ir. No entiendo cómo no se han gestionado autobuses para sacar de la ciudad a todas estas personas.

Manu Chao: ¡cuando estoy convencido de que hubieran fletado cientos y cientos de autobuses si se hubiera tratado de una final de la Super Bowl!

Elkarri: además, hemos vuelto a comprobar que no todos los muertos valen lo mismo, ni por asomo, por lo menos si reparamos en el tiempo que se les dedica a unos y a otros en los distintos informativos. Sólo es cuestión de mirar a Irak donde la muerte sigue siendo el pan de cada día aunque ya no tengamos enviados especiales que nos cuenten la noticia en conexiones en directo.

Manu Chao: esto es muy cierto. Sin embargo, también en Estados Unidos hay muertos de primera y segunda, hasta de última fila. Si algo hemos podido comprobar con el Katrina es que en EE.UU. cuentan con un tercer mundo propio y particular. No es casualidad que las víctimas sean principalmente personas de raza negra.

Elkarri: cuando en la televisión nos venden una realidad radicalmente distinta e idílica que debiera ser modelo a seguir por el resto del mundo.

Manu Chao: me parece increíble que la industria farmacéutica europea haya tenido que mandar las medicinas porque las americanas no las querían dispensar gratis. Ésta es una vergüenza inmensa.

Elkarri: sin embargo, se dice que el mundo avanza a pasos agigantados en nombre de la democracia y la libertad.

Lluis Llach: no estoy de acuerdo con que el mundo está avanzando, y menos en la senda de la democracia y la libertad. Su avance es sólo temporal. Los valores que defendíamos hace veinte años han caído en saco roto. El avance tecnológico del mundo actual no trae consigo ningún avance desde el punto de vista social ya que parece que se encuentran en dinámicas antagónicas. La Humanidad está sumida en una crisis absoluta.

Manu Chao: la tecnología avanza a toda leche. Por el contrario, en cuanto a las relaciones humanas, seguimos en la Edad de Piedra. Seguimos cometiendo los mismos errores de hace dos mil años. El que tiene el poder sigue machacando al que no lo tiene. No renuncio a los avances tecnológicos si bien denuncio que las relaciones humanas, de los pueblos y de los países no avanzan a la misma velocidad y en el sentido de mitigar las injusticias de la pobreza.

Lluis Llach: osaría a decir que la defensa de muchos valores han empeorado durante estos últimos años. El escarmiento de las dos Guerras Mundiales provocó una voluntad de ir en otra dirección radicalmente distinta a la del Holocausto. Sin embargo, bajo la amenaza de la supervivencia económica, se nos obliga a la inhumanidad. Parece un argumento ofensivo. Sin embargo, esconde una realidad muy cruel que nos empuja a ir por la vida pegando codazos al que tenemos al lado. Se nos pide que seamos Teresa de Calcuta cuando el sistema imperante defiende la agresividad como forma de conducta. La incoherencia es absoluta. Cada vez creemos menos en la solidaridad. En definitiva, el sistema te obliga a ser un cabrón.

Elkarri: pese al riesgo que pueda correr, me atreveré a decir que compartís la etiqueta de cantantes comprometidos. ¿Lo veis así?

Manu Chao: mi compromiso no responde al hecho de que sea cantante. Mi compromiso es como ciudadano, como el que es taxista o panadero. Estamos hablando del mundo que vamos a dejar en herencia a los hijos e hijas de todas las personas. Por desgracia, ninguna canción por sí sola puede cambiar el mundo. Pensar en lo contrario es una gilipollez. No admito la responsabilidad que pesa sobre nosotros en cuanto que la música puede cambiar el orden de las cosas. Cantando, a lo sumo, podemos arropar los corazones de los que quieren cantar con nosotros mientras intentamos ir en otra dirección. Nuestro único privilegio radica en que podemos tener un micrófono con el cual multiplicar nuestra voz. Nada más.

Lluis Llach: no admito la división entre cantantes comprometidos y los que no lo están. Es una estupidez inventada por la necesidad de los medios de comunicación para colgar clichés. Sucede, sin más, que unos están comprometidos con el sistema y que otros no lo estamos.

Elkarri: sin embargo, muchas veces se os ha presentado como iconos musicales de la lucha contra el franquismo, en un caso, y de los movimientos antiglobalización, en otro. ¿Qué es lo que más os pesa de toda esta historia?

Lluis Llach: mi historia particular como referente de la canción en contra de la dictadura fue muy rara. Y Paquito que en paz descanse. Apenas tenía veinte años cuando me convirtieron en el símbolo de resistencia de la dictadura cuando mi mérito se reducía a una canción que se pegaba a la oreja más fácilmente que otras. Intenté asumir este rol, del modo que mejor pude. Provenía de una familia burguesa-rural, de derechas, y apenas tuve tiempo de pensar sobre todo lo que estaba aconteciendo alrededor mía. Diré más. Me alegro mucho de que las fuerzas antifranquistas y nacionalistas catalanas me manipularan en aquel momento para defender su identidad. No renuncio para nada.

Manu Chao: no acepto la responsabilidad de ser icono de nada. A los de enfrente siempre les interesa tener un líder para corromperlo. Corromper una masa de gente siempre es más difícil. Soy sólo uno más de todo este movimiento en lucha. De hecho, esta nueva forma de protesta seguirá siendo interesante siempre y cuando siga siendo horizontal. Todas las revoluciones han terminado en añicos por culpa de los líderes que en un momento dado se han podrido. Supongo que la revolución rusa en sus comienzos era algo maravilloso hasta que la cagaron los Stalin y compañía. Así mismo, nunca he leído la Biblia pero, según me cuentan, está llena de cosas bonitas donde defienden que todo el mundo se ha de amar y ayudar. Pero luego miras hacia el Vaticano y sólo te queda echarte las manos a la cabeza. ¿Qué hacen para repartir el pan, los peces y el vino?

Elkarri: la injusticia del hambre para los estómagos acartonados de más de la mitad del mundo…

Manu Chao: ¡cuando terminar con el hambre es tan fácil! Sólo debemos dejar a los agricultores de Mali cultivar su algodón. Y así con el resto. Sin embargo, sucede que el algodón que desde Europa llega a Mali es más barato que el que se produce allí. ¿Cómo es posible algo así? Con el milagro de las subvenciones. Se podría terminar con las subvenciones pero, con una decisión así, cualquier gobierno europeo se vendría a pique. Somos nosotros quienes estamos pagando con nuestros impuestos a las empresas que producen leche para que puedan venderla en Santo Domingo mucho más barata que la que producen los ganaderos del lugar. ¿No es absurdo? Lo es.

Lluis Llach: todo ese movimiento que lucha por otro mundo más justo está sufriendo un acoso mediático sin precedentes que sólo persigue silenciarlo. Una cosa es que sea bueno que carezca de cabezas que lo dirijan porque sin ellas no se puede decapitarlas y otra cosa es el ocultamiento que se hace de su filosofía y reivindicaciones. Se vende toda esta lucha como la historia de cuatro chicos y otras tantas chicas que para divertirse se van a Porto Alegre –nombre muy apropiado, claro que sí– para montarse su fiesta particular. La cuestión no es así. Esto va muy en serio y está muy organizado en torno a redes muy amplias.

Manu Chao: a lo mejor somos muchos que ni tan siquiera compartimos el futuro ideal. Pese a todo, ahora compartimos la necesidad de enfrentarnos a lo que tenemos. Ésta es nuestra urgencia. De hecho, el mundo ha llegado tan lejos en su lógica de la sinrazón que me parece muy difícil parar esta locura. Luego ya veremos.

Elkarri: sea como fuere, no habéis podido evitar las calumnias. ¿Cuál os ha hecho más daño?

Lluis Llach: en contra de nuestra voluntad, estamos condenados a una especie de soledad. En el mundo de la música, del negocio que esconde y entraña, donde se mezclan la cultura y el dinero, perseguir la coherencia nos depara la soledad. Por eso, desde esta soledad, nunca he hecho caso a todas las calumnias que se han podido verter en contra mía. Y han sido muchas.

Manu Chao: uno llega a curarse de espanto. En mis comienzos de Mano Negra leía en los periódicos declaraciones que supuestamente eran mías pero que nunca las había dicho. No dormía en cuatro días. Más tarde, después de mi gira con Fermín Muguruza, directamente pasé a ser militante de ETA. La misma gente del barrio me lo decía, que querían andarse con cuidado, que lo habían leído en la prensa. Intentamos responder a todo este tipo de calumnias, pero nuestros comunicados apenas encontraban un hueco ante los grandes titulares que mentían sobre nosotros. La gente que quería se enteraba de lo que decíamos, de que rechazábamos el uso de la violencia. Todavía hoy el viejete de turno de mi barrio sigue pensando que soy de ETA. Aunque esto no es todo.

Elkarri: ¿qué más hay?

Manu Chao: muchas otras veces las gentes del Black Blood me han acusado de capitalista de mierda. Así que, medio en broma, he deseado que unos y otros hicieran una reunión para que me dijeran quién es Manu Chao. Es necesario que te construyas tu propia brújula para que cada noche, antes de dormir, te puedas hacer un examen de conciencia y ver si has abusado de alguien o no. Menos mal que siempre cuentas con algunos amigos que te dan una patada en el culo y te ponen los pies en la tierra. Es el único modo para que no te conviertas en un esquizofrénico. En internet te puedes encontrar con mil Manu Chaos a los cuales no conozco.

Elkarri: en una entrevista, Lluis, denunciabas la falta de compromiso de los intelectuales cuando a Manu Chao y Fermín Muguruza les prohibieron un par de conciertos en Málaga y Murcia bajo la acusación de que Muguruza era miembro de ETA por el hecho de que en alguna ocasión formó parte de las listas de Herri Batasuna.

Lluis Llach: en el mundo cultural del Estado español domina una actitud de total corrección que me indigna. José María Aznar impuso un pequeño golpe de Estado democrático. Con los votos de la gente que le apoyaba, nos retrocedió a un periodo político de inicio de transición ante lo cual la clase política no terminó de reaccionar. Lo que hicieron con Muguruza y Chao fue un típico atentado a la libertad de expresión en el marco de un gobierno parafascista con el apoyo de una mayoría parlamentaria. Los partidos de izquierda, que para mí son aquellos que defienden las libertades y los Derechos Humanos, no dijeron nada. Ni tan siquiera dijeron nada los cantantes que por nuestra profesión utilizamos la libertad de expresión como instrumento de trabajo. No obstante, ante una situación así, nunca debimos ser correctos.

Manu Chao: no nos atacaron sólo a nosotros. En los últimos años de gobierno de Partido Popular se notaba sobre todos una pesada chapa de plomo que casi no nos dejaba respirar. También atacaron a Julio Medem y su película «La pelota vasca». Me recordaba mucho a la Italia de Berlusconni que ya anteriormente me había censurado.

Lluis Llach: sin embargo, Julio Medem sí fue apoyado por algunas personas. A vosotros os recuerdo como mucho más desgraciados, no sé si porque erais cantantes o qué. Telefoneé a muchos compañeros para ver si éramos capaces de mostrar una voz común y amplia de rechazo. Pero, otra vez más, volví a quedarme sólo. Con el paso del tiempo, su recuerdo puede quedar en una anécdota, pero no. Todavía hoy, sigo sin aceptar ninguno de los motivos que se esgrimieron para actuar contra ellos. Es más, me indignan.

Elkarri: ¿y qué comentabais en vuestros viajes en furgoneta?

Manu Chao: hicimos una piña alrededor de Fermín ante aquellas mentiras que no soportaba. Hice un comunicado de respuesta y Fermín lo leyó. Me dio un abrazo. Lo hicimos público pero me temo que pocas personas lo leyeron pues muchos ni lo publicaron. Fermín seguía siendo un etarra peligroso y yo el líder de todos los piojosos de Europa. Con Fermín he hablado mucho del tema vasco. No pensamos igual y nuestra relación se sustenta en una tertulia continua. Aprendo mucho de él, escuchándolo. Entre otras cosas, él es vasco y vive allí. Mi madre es de Bilbao pero nací en París, por lo que carezco de una cultura vasca, aunque sí tengo un cariño inmenso hacia el País Vasco. En todo caso, tanto Fermín como yo opinamos que la solución al problema vasco tiene que ser pacífica. Hace mucho que él viene reclamando una tregua a ETA. Si Fermín apoyara la lucha armada yo no estaría de gira en la furgoneta con él.

Lluis Llach: más allá de lo personal, todo coincide en un tiempo en el que se criminalizó colectivamente a todo un sector de Euskadi que piensa en claves independentistas. A una persona que vota a Herri Batasuna no se le puede anular su manera de vivir. Sin embargo, Aznar consiguió imponer en el Estado español una especie de aceptación de semejante atropello. Es más. Ellos eran los buenos y todo el resto, a pesar de rechazar la violencia, que lo hacíamos y lo seguimos haciendo, éramos los muy malos.

Elkarri: ¿cómo miráis a Euskal Herria?

Manu Chao: cuando llegué de París al País Vasco me sorprendió mucho la cordialidad de sus gentes, la convivencia, su solidaridad. Sólo allí he visto tomar un vino juntos al punky del pueblo con el campesino del caserío a eso de las seis de la mañana. De hecho, en la época de Aznar, esta solidaridad entre las personas se vino abajo. Recuerdo una sociedad mucho más dividida entre nacionalistas y no nacionalistas, como si creyeran que la solución venía desde la victoria de unos sobre los otros. Me dolió mucho esa ruptura que se dio. Me sigue doliendo todavía.

Lluis Llach: la situación de Euskal Herria sigue siendo muy compleja y a duras penas me atrevo a opinar sobre lo que sucede allí. Siempre lo intento hacer con mucha cautela. Además, el Estado no ha dejado de cometer errores a la hora de solucionar el conflicto vasco. El Estado español la cagó más que nunca con Felipe González, aunque sea uno de los mejores políticos que ha dado la Transición. Y no hablemos ya del PP. Para él, el problema de Euskadi era un negocio que formaba parte de su proyecto de España. Necesitaba del problema vasco y por eso nunca intentó solucionarlo. Cuanto peor estuviera Euskadi, más aseguraba su gobierno en el resto del Estado.

Manu Chao: el Partido Popular quiso dividir a un pueblo. Sólo así lo podría dominar. La división del enemigo es un clásico de toda la vida. Me costaba ver a la gente tan enfadada entre ellos, tan dividida. Además, la actividad de ETA era más indiscriminada que nunca. Mi tristeza era infinita.

Elkarri: últimamente, unos y otros insisten en que hay muchas posibilidades para poner en marcha un proceso de paz. Después de Aznar, ha llegado Zapatero.

Lluis Llach: Zapatero es el único que se cree que la solución vendrá desde el diálogo. Zapatero está muy solo dentro del partido. Si no fuese por el enganche electoral que tiene, hace mucho que lo habían arrinconado. Dudo que el aparato del PSOE quiera jugar las cartas del diálogo. Soy muy pesimista. El Estado español ignora su propia esencia y mientras no terminemos con ella va a ser muy difícil buscar ninguna solución.

Elkarri: ¿a qué te refieres?

Lluis Llach: entre otras cosas, y a modo de ejemplo, en el Estado español no hay ni un solo escolar que conozca la realidad latifundista de Andalucía, y que la viene ahogando muy poco a poco. No saben que esta estructura es consecuencia de la conquista castellana. Pero es más. Ningún niño madrileño sabe que el Parlament Catalán fue sustituido por un capitán general y que nos prohibieron hablar en nuestra lengua. Y así podemos ir tirando. En definitiva, España es una sarta de ignorancias. La ignorancia es supina cuando algunos políticos dicen que Carod obliga a La Caixa a comprar Endesa. Cuando el reto consiste en arreglar problemas tan complicados como el vasco o el catalán, esta ignorancia es muy peligrosa. De hecho, el problema de fondo es saber cuál es el proyecto de futuro del Estado español.

Elkarri: ¿cómo lo ves tú?

Lluis Llach: ¡somos todos tan distintos! Cuando cualquiera va a Euskadi lo ve. Lo mismo sucede con Galicia, que es todo un mundo aparte. De hecho, ahora que hablamos del proyecto común de Europa, el Estado español resume una construcción de este tipo y que se habría de sustentar en una convivencia de países. También Andalucía tiene una personalidad de país, hasta el punto de que han hecho una lengua propia. Sin embargo, será imposible que nos entendamos si antes no acordamos un lenguaje común histórico. El problema hoy radica en que para el andaluz, el catalán es un ladrón, olvidándose eso sí de los Duques de Feria, en que para el de Logroño el vasco es un hijo puta que nos aterroriza, en que para los madrileños los gallegos son unos vagos… Y así es todo. Por ello, si algún día España ha de ser un gran proyecto de futuro en común, necesitamos de un consenso nuevo que termine con este tipo de agravios.

Elkarri: el caso es que ahora se os vuelve a tachar de ladrones por querer recuperar los documentos del Archivo General que le robaron a la Generalitat durante la Guerra Civil.

Lluis Llach: es otro ejemplo más. No podemos ir a ningún lado con lo que sabemos los unos de los otros. Todas nuestras desgracias históricas nunca han reflejado nuestra voluntad democrática. Todo es resultado de cabezas coronadas casi siempre estúpidas, de capitanes generales manipulados por los latifundistas. Somos resultado de todas estas miserias. Aún hoy, nadie se cree que la policía española repartía heroína a los jóvenes vascos durante los años 70. Fui testigo. Los obispos llegaron a hacer una pastoral y no tardaron mucho en acallarlos. No nos conocemos entre nosotros. Así, ya no es una cuestión de Derechos Históricos. Es más un problema práctico de cómo desde nuestra ignorancia podemos compartir todos los pueblos un mismo futuro.

Manu Chao: me acuerdo ahora de un diccionario mexicano donde se define la Historia como la gran feria de las mentiras. Viene al pelo. De hecho, yo que nací en Francia, para nosotros Napoleón era poco menos que un emperador revolucionario. En ningún libro de Historia me contaron que fue tan hijo de perra como Hitler. Por eso es tan necesario viajar, salir de tu pueblo, para así poder relativizar todo lo que te han enseñado y has aprendido. Conozco mucho mejor Francia desde que he viajado.

Elkarri: ¿cómo veis el nacionalismo? Es, sin duda, una pregunta compleja, más si tenemos en cuenta el sentimiento catalanista declarado de Lluis y las dificultades para echar raíces de Manu. ¿Es una enfermedad que se cura viajando?

Lluis Llach: nos volvemos a encontrar ante el problema del lenguaje. Me defino como persona nacionalista para que nos podamos entender. Sólo quiero ser ciudadano con raíces para poder ofrecer algo al mundo. La nación, mi país o colectividad es el primer paso para ello. Si pertenezco a una comunidad oprimida no puedo ofrecer nada. No hay seres humanos libres en pueblos que son esclavos. Lo que a mí me enamora es el ser humano. La realización de Catalunya me importa un pepino si esto no implica que los catalanes seamos más libres. Ahora que hablamos tanto de la biodiversidad de la naturaleza, siento que mi pueblo es como un árbol que, por muy pequeño que sea, es parte de esa riqueza de especies que convive en un bosque mucho más grande.

Manu Chao: me siento muy nacionalista cultural. Reivindico la existencia de todas las culturas y en cada cultura me siento de muchos países. No creo en los nacionalismos de las banderas. No entiendo las fronteras. A lo mejor, es algo positivo que me llevo después de haber crecido en Francia. Nosotros siempre hemos odiado nuestra bandera. El rojo, el blanco y el azul juntos me repelen.

Lluis Llach: ¡pobres holandeses!

Manu Chao: lo siento por ellos pero es así. Otra cosa es lo que puedes percibir en Latinoamérica donde todos son ultranacionalistas. Hasta en la última chela de México terminan la noche de parranda cantando el himno nacional. No entienden que yo no les pueda cantar el himno nacional francés. Te miran como si fueras un marciano. Al margen de las naciones, creo sobre todo en la cultura que no entiende de fronteras. En Galicia y al otro lado del Miño, ya en Portugal, comparten la misma cultura. No hablemos de África donde las fronteras son absolutamente económicas. ¡Las banderas tienen que ver tanto con el dinero!

Elkarri: en la última celebración de la Diada, Mayte Martín fue abucheada por cantar en castellano. ¿Qué pasa?

Lluis Llach: hace mucho dije que me iría de Catalunya el día que mi país no permitiera a alguien cantar en castellano. Lo vuelvo a suscribir. Que Mayte u otro artista cante en castellano me parece una necesidad. Otra cosa es que la táctica política haya puesto a Mayte en una situación muy complicada. Aunque no sé hasta qué punto fue abucheada. Vi las imágenes por televisión y no fue ni mucho menos algo generalizado.

Manu Chao: contaré una anécdota. Un día en Galicia, nos encontrábamos tocando en un garito delante de unos jóvenes que habían pasado unos cuantos años en prisión por luchar a favor de la independencia de Galicia. En eso, entró un borrachillo que comenzó a cantar una canción de Manolo Escobar y a quien comencé a acompañar con la guitarra. Cuando me di cuenta de lo que estaba tocando, a los jóvenes independentistas les hice como un gesto para seguir o no con la historia, temiendo que se pudieran sentir ofendidos. En eso, uno de los chicos me dijo que siguiera, que tranquilo, que esa noche todos estábamos de fiesta. Estuvo bien. Ojalá algo así sucediera mucho más a menudo. Lo mismo en Catalunya que en Euskadi.

Elkarri: se está especulando mucho sobre una posible tregua por parte de ETA. ¿Qué ha cambiado de aquella ETA que asesinó a Carrero Blanco? He leído que en casa de Manu se descorchó un botella de champan. Imagino que Lluis también lo habrías celebrado.

Manu Chao: es cierto. Descorchamos una botella de champán. Sin embargo, nunca he pensado que la violencia resuelva nada. Denuncio el dolor que generan los muertos en sus familias. Sin embargo, la derecha española gana votos con cada persona que matan. Hay algo que no entiendo, que no me cuadra. Es como si ETA y la derecha trabajaran juntas. No obstante, siempre me ha parecido muy presuntuoso hablar de la situación del País Vasco. Como en otros muchos casos, acceder a información que no esté manipulada exige un esfuerzo.

Lluis Llach: desde hace muchos años veo que ETA es un gran error. No hablo desde el punto ético y humano, que lo es, y mucho. Hablo desde el punto de vista político. Con su permanencia, se complican mucho las cosas y las fuerzas nacionalistas vascas son las grandes perjudicadas.

Manu Chao: es todo muy complicado. Todo me resulta tan raro que a veces prefiero callarme. ¿Cómo lo veis vosotros?

Elkarri: aunque desde distintas perspectivas, desde Elkarri venimos diciendo que tanto la permanencia de ETA como las políticas de exclusión hacia una parte de la izquierda abertzale dificultan el camino de un proceso de paz. En definitiva, que hay que superar estas situaciones que nos retrotraen al pasado. ¿Qué os parece?

Lluis Llach: se tiene que racionalizar toda la situación. Todos los actores que intervienen en esta historia deberían hacer una autocrítica, tanto el Estado español como las fuerzas políticas vascas, además de la propia ETA. Tiene que saber que hasta las expectativas más radicales se defienden mucho mejor en el Parlamento que a tiros. También los partidos políticos en su conjunto han cometido muchos errores. No se ha llegado a esta situación de una manera casual. Cada actor tiene su responsabilidad.

Elkarri: ¿el diálogo es la fórmula para el mestizaje político?

Lluis Llach: el diálogo político forma parte de la naturaleza democrática. No entiendo otra posibilidad en la que se solucionen los problemas. En el País Vasco están donde están porque la defensa del diálogo es todavía una reivindicación. Pero no hay otro camino. Ya lo defendió gente moderada como Ernest Lluch. Sin embargo, vuelvo a subrayar la necesidad de un lenguaje común donde todos nos podamos entender. Seguimos estando en las listas de países que torturan de Amnistía Internacional y el Estado ha de reconocerlo. ETA ha de reconocer su barbarie. Zapatero ha colocado el diálogo como una razón de Estado y esto es muy importante. Hay que saber aprovecharlo. En todo caso, igual que a Manu, también me resulta muy complicado dar consejos a nadie. Es un lujo asiático.

Manu Chao: el mestizaje no es nada nuevo y no le tendríamos que tener miedo. Lo mismo en la política, en la cultura, que en los otros ámbitos de la vida. No hay ninguna cultura que sea pura. Ahora todo el mundo habla de ello, destaca sus raíces, cuando incluso éstas son resultado de una mezcla. El mestizaje es paralelo a la evolución del ser humano. Es la ley de la naturaleza. Y lo mismo sucede con la música. La música hace mucho que es mestiza.

Lluis Llach: sin embargo, en el aspecto musical, el mestizaje es una especie de tarjeta para el éxito. El mestizaje es mucho más real de lo que han inventado estos últimos años las campañas de marketing de las distintas casas de discos.

Elkarri: ¿qué sucede con el mestizaje que surge como consecuencia de la emigración?

Manu Chao: necesito de todos ellos. Necesito a gente distinta que me enseñe cosas nuevas.

Lluis Llach: y que nos pongan en contradicción. Que nos cuestionen nuestra cultura y nuestra manera de pensar. Somos personas que trabajamos con la música, con la poesía, desde la sensibilidad. Otra cuestión muy distinta es el interés que un empresario de Tarragona o de Almería pueda tener en contratar a emigrantes como mano de obra barata.

Elkarri: ya para terminar. Sé que Lluis conocía desde antes el trabajo de Elkarri ya que hace años pudimos conversar con él en otra entrevista. Pero en tu caso, Manu, ¿sabías de nosotros?

Manu Chao: lo cierto es que no. Aunque ha sido un placer, sobre todo conocer a Lluis en persona. Lo admiro mucho.

Elkarri: y en tu caso Lluis, ¿qué te atrajo del trabajo de este movimiento social?

Lluis Llach: siempre me ha interesado la racionalidad de vuestros argumentos. Además, en un primer momento, Elkarri surgió desde el sentimiento abertzale y esto me pareció atractivo y novedoso, sobre todo porque utilizaba un lenguaje en defensa de un camino distinto. El trabajo de preparación a favor del diálogo que habéis desempeñado durante todos estos años me parece muy hermoso. La posición de Elkarri en diferentes momentos ha exigido mucho coraje. Hay maneras muy bellas y humanas de ser radicales y Elkarri lo ha sido y sigue siendo. Por ello, para muchas personas habéis sido un referente. Es mi caso.

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