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Boletín Elkarri
Alta Baja












Revista Elkarri nº 121    [01/12/2005]

Editorial: Sobre los derechos humanos de los presos
Entrevista: Andoni Egaña y Unai Iturriaga: Bakea, kea, elea, nekea
Testimonio: Michael Gallagher. Presidente del Grupo de Apoyo a las Víctimas de Omagh (Irlanda): «Después de Omagh, la sociedad irlandesa dijo basta»
Opinión: Cesar Manzanos, Josune Ariztondo, Sandi Chapman, Aintzane Ezenarro y Miguel Sarratea
Reportaje: La contribución de la diáspora
Nuestro tema: Educar para la paz
Desde la ventana: "Insomnio" de D.M. Indart
Internacional: Cruces en el desierto
La foto: Juicio 18/98

Reportaje: La contribución de la diáspora
En un momento en el que todos los esfuerzos por activar un proceso de paz son necesarios, poco hemos discutido sobre la contribución que la diáspora vasca podría desarrollar. Hablamos de la importancia de garantizar espacios para la participación de la sociedad civil, fórmulas para que todas las tradiciones políticas estén representadas y también de lo interesante que sería contar con una red de agentes internacionales dispuestos a asesorar y facilitar el trabajo de los principales actores. Sin embargo, si analizamos otras situaciones similares, observamos que las diásporas juegan un papel muy relevante, en algunos casos positivo y en otros no tanto. Evidentemente, cada caso tiene sus particularidades y nuestra diáspora no tiene la dimensión ni la capacidad de influencia que han tenido otras como las irlandesa o la palestina, pero sería un error desperdiciar la potencialidad que existe.


En primer lugar, deberíamos preguntar a estas comunidades si desean colaborar de alguna forma con el proceso de búsqueda de la paz y si la respuesta es afirmativa podríamos desarrollar conjuntamente algunas actuaciones adaptadas a las características y recursos de cada realidad. En la actualidad, existen importantes redes de comunicación entre los centros vascos, y entre estos centros y las instituciones, partidos y universidades vascas para realizar esta consulta de una forma rápida y normal.

Aunque sea a modo de simple lluvia de ideas, sería muy importante establecer canales de comunicación específicos y permanentes para que conociesen de primera mano el desarrollo de los acontecimientos relacionados con la búsqueda de la paz. Al mismo tiempo, se podrían establecer instrumentos para conocer la opinión de estas comunidades sobre lo que está sucediendo. Como hemos señalado ya, existen importantes canales de comunicación pero la mayoría de ellos no tienen como objetivo analizar específicamente los esfuerzos por la paz y su posible contribución y las dinámicas propias de cada organización relevan esta cuestión a un segundo o tercer plano.

Hablando de estas cuestiones, hay que tener en cuenta de forma muy especial, y por lo tanto actuar en consideración, que los debates sobre cuestiones políticas han causado grandes divisiones en las comunidades vascas de la diáspora por lo que una propuesta de estas características debería ser diseñada con el máximo respeto a las dinámicas internas de cada colectivo y diferenciando bien lo que supone el apoyo al proceso de paz de los que sería tomar partido por un proyecto político determinado.

Mecanismos de comunicación y opinión tan comunes como éstos podrían abrir la puerta a iniciativas de más calado. Por ejemplo, estas comunidades podrían posteriormente, y en función de un desarrollo positivo de los acontecimientos, servir de puente con los gobiernos de los países en los que están ubicadas y proponer respuestas concretas a problemas que puedan surgir a lo largo del camino. En relación a la primera posibilidad, cuantos más gobiernos e instituciones internacionales conozcan el alcance de las discusiones políticas, más dificultades tendrán los participantes en las conversaciones para levantarse de la mesa y abandonar las negociaciones. Como es natural, nadie quiere ser identificado por la comunidad internacional como el responsable de un hipotético fracaso. Esta posibilidad no estaría basada únicamente en la buena voluntad, ya que existen en la actualidad importantísimos canales de influencia entre la diáspora vasca y gobiernos con capacidad para contribuir a una solución en nuestra sociedad como son los Estados Unidos, Francia, Suiza o instituciones internacionales como la Unión Europea y Naciones Unidas. Existen personas y organizaciones vascas con acceso a los centros de decisión política en estos países y no vamos a encontrar otro momento tan importante como el actual para solicitar su apoyo.

La segunda posibilidad es todavía más práctica. A lo largo del camino surgirán problemas de calado que pondrán en serio peligro el desarrollo de las conversaciones. Se trata de los altibajos consustanciales a todo proceso de negociación política que afecta a cuestiones de gran importancia y complejidad. En circunstancias de estas características necesitaremos otras experiencias en las que poder buscar la inspiración necesaria para encontrar soluciones propias. Muchas de las comunidades vascas en la diáspora están ubicadas en países que han vivido experiencias similares o que cuentan con relevantes expertos en los temas de discusión. A modo de ejemplo, podemos hablar de la cuestión de la participación de las víctimas en el proceso de paz, los mecanismos necesarios para incorporar la memoria del sufrimiento a los acuerdos, así como los retos del día después para estos colectivos. Pues bien, tanto Chile, Argentina, como otros países del entorno cuentan con importantísimas comunidades vascas que podrían ayudarnos a encontrar ideas relevantes para nuestra realidad en base a su experiencia. Al mismo tiempo, estas comunidades podrían servir de espacio de acogida para la dimensión más personal de todo proceso de paz. Además de las conversaciones y negociaciones formales, los representantes políticos deberán ser capaces de desarrollar una serie de mecanismos de relación personal basadas en el respeto mutuo, la empatía y el reconocimiento de la parte de verdad que existe en las posiciones de los demás. Normalmente, los líderes políticos arrastran grandes dosis de enfrentamiento y ataques personales entre ellos, por lo que será necesario estructurar en el marco de las conversaciones momentos de tranquilidad, oportunidades para que los interlocutores se conozcan en un nivel más personal y puedan sustituir una mentalidad de conflicto por otra de cooperación. Estas experiencias que se han desarrollado en prácticamente todos los procesos de paz, suelen ser positivas y muy rentables para el resultado final del diálogo.

Pues bien, hace poco me decía un importante representante de la comunidad vasca en Idaho, que Boise y su entorno podría servir de acogida para los representantes de los partidos vascos en algún momento del proceso en que necesitasen tomar distancia e invertir un poco de tiempo en los aspectos intangibles de la negociación.

En los casos en los que la diáspora no ha jugado un papel positivo, siempre se mencionan como claves de una relación negativa la idealización de una patria perdida y la falta de contacto con la realidad actual. Es imposible hacer una radiografía completa y real de lo que opinan los miembros de estas comunidades sobre esta cuestión en concreto por muchas de las razones que hemos citado anteriormente, pero en cualquier caso no parece que una mejora de la comunicación entre ambas realidades pueda tener un efecto contraproducente.

También podríamos encontrarnos con la circunstancia de que algunas comunidades, o incluso la mayoría, no desean participar en este debate. Si fuera así, habría que entender y respetar su deseo con naturalidad. Nunca se sabe, pero la experiencia de Elkarri en este terreno ha sido que estas personas y colectivos están deseando apoyar un proceso de paz si se les plantea de una forma positiva y no partidista. Por el contrario, cuando se les sitúa en medio de un conflicto sobre el que tienen que tomar partido y del que no manejan todas sus claves actuales, la respuesta natural es alejarse y observar lo que sucede.

Como un puzzle

Ha llegado el momento por el que tanto hemos trabajado en los últimos años y seguramente el resultado final del proceso no dependerá del nivel de participación que desee desarrollar la diáspora, pero los acuerdos de paz nunca se pueden explicar en base a un único factor. La gestión positiva de un momento como el actual se asemeja más al proceso de construcción de un puzzle con cientos de piezas. Algunas piezas son más difíciles de encontrar que otras, y siempre hay una que no sabemos dónde colocar. Pero sin todas y cada una de ellas, el puzzle no puede darse por concluido. Tal vez la contribución de la diáspora en el proceso pueda ser una de esas piezas con las que uno no contaba pero que sirven para que las demás encajen.





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