Editorial: Sobre los derechos humanos de los presos
Entrevista: Andoni Egaña y Unai Iturriaga: Bakea, kea, elea, nekea
Testimonio: Michael Gallagher. Presidente del Grupo de Apoyo a las Víctimas de Omagh (Irlanda): «Después de Omagh, la sociedad irlandesa dijo basta»
Opinión: Cesar Manzanos, Josune Ariztondo, Sandi Chapman, Aintzane Ezenarro y Miguel Sarratea
Reportaje: La contribución de la diáspora Nuestro tema: Educar para la paz Desde la ventana: "Insomnio" de D.M. Indart Internacional: Cruces en el desierto La foto: Juicio 18/98
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Nuestro tema: Educar para la paz
Durante los días 17 y 18 de noviembre, el Palacio Miramar de Donostia acogió los «Encuentros de educación para la paz y resolución de conflictos». Por la
importancia de las reflexiones que se pudieron escuchar en la mesa redonda que se celebró bajo el título de «Educación en los derechos humanos y resolución de
conflictos», la revista Elkarri hace un hueco a las opiniones que allí se vertieron consciente de que cualquier vulneración de la dignidad personal tiene el
denominador común del no reconocimiento de la integridad de la otra persona y en contra de lo cual la educación en cultura de paz puede ser la mejor y más efectiva arma de todas las posibles.
Contra la intolerancia
Olga Hurtado, representante del Movimiento contra la Intolerancia, lo dejó bien claro: «Existen suficientes motivos para preocuparnos por la persistencia de actitudes, expresiones y comportamientos que violan o denigran la dignidad y los derechos de las personas». Así, manifestó que a poco que escarbemos en los casos de violación o denigración personal, siempre encontramos un mismo diagnóstico: «un conocimiento prejuicioso hacia quien se tiene por el “otro” y que, en el fondo, encubre un profundo desconocimiento hacia el prójimo, para justificar de este modo la heterofobia, la discriminación o la exclusión de los diferentes, cuando no otras formas de intolerancia criminal».
De hecho, Olga Hurtado vino a subrayar que la intolerancia es uno de los grandes desafíos que la humanidad debe hacer frente en el umbral del Siglo XXI, «un problema a la vez ético y político», aunque explicó que dada la complejidad del tema y las dificultades obvias para obtener y sistematizar los datos sobre actitudes y ataques de intolerancia, el recurso del cual disponen en el colectivo Movimiento contra la Intolerancia es el Informe Raxen (Racismo y Xenofobia) donde interpretan los centenares de datos conseguidos, desde agresiones violentas constatadas, hasta la agitación racista en el fútbol, los conciertos neonazis o la difusión del odio en internet. Y es que, según las palabras de Olga Hurtado, todos estos hechos van configurando pacientemente lo que «hemos denominado el Mapa del Odio».
En este sentido, según avanza el Informe Raxen de 2004, durante ese periodo se han producido en el Estado español más de 4.000 agresiones por grupos neonazis o racistas, dirigidas especialmente contra emigrantes (magrebíes, negros o latinoamericanos en su mayoría), indigentes, homosexuales, prostitutas y jóvenes de diversos aspectos (pelo largo, hippies, etc.). Del mismo modo, este informe recuerda entre otras cuestiones que en el Estado español se han producido en los últimos diez años más de 60 asesinatos motivados por el odio xenófobo, racial o neonazi, si bien no se descarta que la cifra pudiera ser significativamente más alta.
¿Cómo explicar este fenómeno?
Según manifestó la representante del Movimiento contra la Intolerancia, la percepción de la violencia de este comienzo de siglo es superior a la de épocas anteriores, «ya que puede que los medios de comunicación contribuyan notoriamente al conocimiento de las situaciones». Por eso, a la hora de buscar sus causas, Olga Hurtado recordó las palabras de Luis Rojas Marcos, psiquiatra y Comisario de los Servicios de Salud Mental de Nueva York: «El crimen florece donde reina el desequilibrio entre aspiraciones y oportunidades, desigualdades económicas muy marcadas o ambientes donde reinan las subculturas de las drogas, el alcoholismo, la discriminación, la pobreza, un inefectivo sistema escolar o una política penal revanchista y deshumanizada».
Ahora bien, Olga Hurtado quiso dejar bien claro que «nadie nace pacifista como nadie nace violento». Es por esto que destacó la importancia de velar porque desde la primera infancia nos eduquemos en valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida que permitan resolver los conflictos «por medios pacíficos y en un respeto por la dignidad humana y la tolerancia».
Por esto, para Olga Hurtado, son necesarias tres condiciones para apostar por las soluciones a la intolerancia. En primer lugar, ser parte activa, «no pasar, no huir, no cometer el grave error de no hacer nada porque pensamos que lo que podemos hacer es muy poco». En segundo lugar, concretó que la actitud ética tiene que ir dirigida hacia la solidaridad, «fundándose en la empatía hacia el otro, en la resolución con mesura de las contradicciones». Y en tercer lugar, reivindicó la valentía cívica, «que exige alzar la voz por una causa, por las víctimas de la injusticia, por una opinión que creemos correcta, incluso en situación de abrumadora desventaja, a riesgo de quedar aislados e incluso ir en contra de la opinión pública».
Paz y justicia
Con el título de «La educación para la paz y los derechos humanos: significados, alcances y retos», la coordinadora de la Cátedra UNESCO de Derechos Humanos en la Universidad Nacional Autónoma de México Gloria Ramírez hizo especial hincapié en la situación sociopolítica de los países latinoamericanos en cuanto que ésta «nos condiciona cuando hablamos de paz, justicia y respeto a los Derechos Humanos. «Vivimos cambios notables en todos los espacios de la vida, a nivel internacional, nacional y local, en el espacio público y también en lo cotidiano de la vida privada. El terrorismo, la inseguridad, la pobreza extrema, los brotes de intolerancia en las poblaciones urbanas, la insurgencia de los pueblos indígenas… todo ello surge al mismo tiempo que el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la información. Y esto tiene una plasmación muy concreta en México y en el resto de los países latinoamericanos donde la paz está íntimamente ligada al respeto a los Derechos Humanos más básicos como son la vida, la educación o el derecho a la salud».
Además, para Gloria Ramírez, hoy en día asistimos al debilitamiento del Estado-nación y al fortalecimiento del mercado y de nuevos actores financieros que a través de empresas o alianzas transnacionales y consorcios económicos definen nuevas políticas y relaciones internacionales que inciden en todo el planeta: «El credo liberal es el signo del pensamiento único y no deja de consolidarse en el marco de la globalización económica y política».
Es por ello que Gloria Ramírez, ante la complejidad del mundo actual, se planteó la siguiente pregunta: ¿Cómo preparamos una propuesta integradora que permita consolidar la formación para la paz y la democracia en los tiempos actuales? No cabe duda de que la respuesta a esta pregunta es muy compleja, si bien Gloria Ramírez subrayó la importancia de la educación. Explicó que la educación, «por sí misma», no puede imponer un Estado de derecho, de democracia y paz, «ni resolver aspectos relacionados con violaciones a los derechos humanos o con conflictos que atentan contra la paz misma». «Sin embargo, –añadió– la educación es un aspecto indispensable en todo proceso que pretenda consolidar la paz y resguardar la democracia».
Así, respecto a la realidad concreta de México y el resto de Latinoamérica, la coordinadora de la Cátedra UNESCO de DD.HH. en México declaró que la paz en América Latina está articulada con la noción de justicia, «con la idea de mejoramiento de las condiciones económicas y la disminución de la pobreza». Y es que, según Gloria Ramírez, la paz es «una noción amplia y compleja que nos remite a la equidad y la justicia, al respeto a los derechos humanos, a los derechos de los pueblos y a la tolerancia». Tanto es así que en este punto Gloria Ramírez quiso recordar la máxima que dice que «la paz es un proceso en el cual la violencia disminuye y la justicia aumenta». O lo que es lo mismo: «La paz no es todo, pero sin la paz todo lo demás no vale nada».
La mediación en el ámbito educativo
Durante su exposición, el abogado mediador y Doctor en Psicología Social Josep Redorta se centró en el ámbito educativo y en los principales retos a los que se enfrentan los profesionales de la enseñanza a la hora de afrontar los conflictos que se generan en las escuelas, ya que reconoció que ante los últimos cambios que se han producido en este campo, «ya que sin saber exactamente cuáles son los cambios y sus consecuencias, sólo sabemos que las cosas están cambiando», muchos profesionales piden ayuda al sentir «rabia, impotencia, frustración, necesidad de orientación, ayuda y soporte», y sobre todo, «tienen la necesidad de hallar nuevos recursos ante situaciones que son vividas como nuevas o distintas a la propia experiencia pasada».
Josep Redorta explicó que «las paradojas aumentan también en el ámbito de la educación» para lo que enumeró las contradicciones en los siguientes aspectos. Por un lado, reconoció la dificultad para comprender lo que sucede, «frente a una mayor cantidad de información disponible». Así mismo, admitió una ausencia de certezas absolutas, «frente a un resurgimiento de formas de intolerancia». Además, destacó una presión uniformadora de las ideas, «frente a una incertidumbre cada vez mayor de la propia identidad». Y por último, dentro de la paradojas que específicamente asolan al campo de la educación, citó la eliminación de barreras espaciales y temporales de la comunicación a partir de las nuevas tecnologías, «frente a riesgos mayores y más graves de exclusión social como la generada por la llamada brecha digital». Todos estos planteamientos suponen que lo que está en el centro del debate mismo de la crisis de la escuela es el «reconocimiento del maestro o del educador como autoridad».
En este sentido, fue en este marco donde Josep Redorta situó la mediación, entendiendo ésta como una cierta «filosofía de modo de vida de quienes practican la no violencia, de quienes cultivan la praxis diaria de los valores de la pacificación y su alto interés social», si bien para ello situó la mediación escolar en el marco más amplio de la mediación comunitaria de la que también formaría parte. «Podríamos ver la mediación comunitaria como el conjunto de mecanismos sociales que permiten devolver a la comunidad su capacidad de resolver las diferencias desde el diálogo, la cooperación y las actitudes no impositivas. La mediación comunitaria tiene sus fuentes en la ecología que le aporta la idea de armonía, en la participación ciudadana que le aporta la idea de elección del propio destino y en la educación para la paz que aporta la idea de no confrontación».
Por esto mismo, concluyó su intervención con la capacidad que tiene la mediación para tratar las relaciones de poder de manera distinta, desde la imparcialidad y la neutralidad, otorgando a las partes en conflicto su capacidad de recomponer sus relaciones, tanto en el ámbito de la educación como en «otro cualquier campo de la vida misma».
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